18.6.14

No puedo aceptar tu discapacidad

Por experiencia un momento complicado es tener de frente la discapacidad profesional de un sistema y de los propios individuos en particular que se suponen tienen que “educar” a tus hijos, convivir con ella y no querer darte cuenta de que existe, de que la falta de capacidad existe.

Durante años vimos día a día esa falta de capacidad, la excusamos, miramos hacia otro lado, no quisimos afrontar la realidad de que no se podía, que nunca serían capaces de lograrlo. Nos empeñamos en cambiar lo que arraigaba en lo más hondo y no llegamos siquiera a la superficie.  No son capaces y tenemos que aceptar que nunca lo serán.

No lo serán porque no quieren porque poder se puede. Pero estos docentes no han querido, excusándose en que no podían.

No le deis más vaselina y aceptad que no podéis porque no queréis poder.

No es cuestión de recursos materiales, ni de horas lectivas, ni de ratios, ni de recursos humanos, y muchísimos menos es cuestión del perfil del alumno. Es cuestión vuestra, de vuestra profesionalidad, vuestros valores, vuestro trabajo, y no habéis podido porque no queréis, porque de otra forma tendré que aceptar vuestra discapacidad para enseñar a mis hijos.

Cuando la diversidad llega a una familia no se nos dan más dotaciones en el hogar, por el contrario en la mayoría de las ocasiones se restan, no se nos ofrecen apoyos ni materiales ni humanos en casa para afrontar la carga de trabajo extra, tenemos que seguir cumpliendo con nuestras obligaciones laborales y emocionales, no se nos ofrece formación gratuita y en horarios adaptados a nuestras necesidades, la formación la buscamos, la pagamos y la realizamos bajo nuestro propio coste de tiempo, laboral o no.  
Y los materiales los buscamos, pintamos, reciclamos, y si no existen los creamos.

No somos especialistas de nada, nos hacemos especialistas porque no nos queda otra salida, no tenemos opción.

Cuando un profesional de la orientación pedagógica me dice que hijo con 6 años “presumiblemente no avanzará más” para nosotros pierde instantáneamente toda capacidad para orientarnos y se degrada como profesional y como persona a la mínima expresión.

Cuando un tutor utiliza como argumento las quejas de los demás padres para apartar a un niño de una actividad por minia que sea como hacer la fila por la mañana, o una auxiliar utiliza expresiones como “yo soy quien se come los mocos de tu hijo”.

Cuando te dicen que el equipo de Atención Temprana te miente o te piden que justifiques la asistencia de tu hijo al colegio cuando no se le esperaba.

Cuando te llaman con urgencia a consejo de guerra porque has publicado algo en facebook que nada tenía que ver con tu hijo sino con la situación de otro niño en otra provincia pero tardan 13 meses en darte una audiencia con el equipo de orientación solicitada por escrito.  

Cuando el equipo directivo calla y otorga mientras te dice en privado “tienes razón pero…”
Idem.

Y ahora decidme que saco las cosas de contexto.

Y cuando todos mentís en documento oficial diciendo en el PTI de nuestro hijo que la culpa de vuestra mala praxis es nuestra porque no hemos colaborado, firmáis una sentencia que os condena a vosotros, a todos vosotros. 

Afortunadamente nuestro trabajo está más que documentado y vuestra insolente mentira irrita pero no hace daño porque bien podíais haber firmado que el Tajo pasa por Córdoba y Sevilla, porque es igual de creíble.

No es que no quisierais llevar una agenda, que confundisteis con un registro de hábitos en casa antes de ir a la escuela, ¿ha desayunado? ¿comida, bebida? ¿hora de hacer pis? ¿ha tomado medicamentos? ¿Cómo ha dormido? que rellenamos religiosamente durante todo un curso, es que ni siquiera nos disteis el boletín de notas como a toda familia de este país, muy profesional.

Aquel registro era un despropósito que enfatizaba que la culpa era nuestra y de los hábitos en casa.  Porque no eran más que malos hábitos y caprichos mal llevados. Y nada tenían de información relevante en un alumno que controla esfínteres, no tiene trastornos del sueño y nunca se ha medicado, pero en fin…

Afortunadamente todo pasó y en estos momentos aunque con la herida abierta de una pésima experiencia nos estamos reconciliando con la profesión docente, volviendo a creer que la vocación de enseñar existe y ha tocado a más de uno.

Que hay maestros y maestras que quieren poder, que ven en sus alumnos piedras preciosas por tallar y que creen en ellos, en sus posibilidades y en sus capacidades.

Y si no tienen recursos los pintan, maestras capaces de quedarse sin el tiempo de recreo por atender las necesidades de sus alumnos, maestras que no ven en la alabanza un peligro sino un arma para seguir avanzando, orientadoras que practican el arte de escuchar y que empatizan, equipos directivos que no priorizan las listas a las familias, EDUCADORES así con mayúsculas.

Y se nos ha dado la oportunidad de encontrarlos no en un colegio nuevo, sino en dos, porque nuestros hijos este año cursan en colegios diferentes por la gracia y obra de alguna a la que deberemos toda nuestra vida la fortuna de darnos las fuerzas con su actitud déspota para luchar por tener la tranquilidad de ofrecer a nuestros hijos lo que cada uno necesita y lo hemos conseguido. Gracias, tu falta de profesionalidad nos dio las alas que necesitábamos.

Como cualquier desengaño necesitamos tiempo para superarlo para poder hablar de ello, pero el desamor solo lo cura un nuevo amor, y estamos rodeados de verdaderos profesionales de la educación y los resultados nos están sorprendiendo en demasía. 

Costando está corregir vuestra mala praxis pero tenemos materia prima y excelentes artesanos que labran el futuro de nuestros hijos y estamos por fin tranquilos, felices, porque nuestra familia se lo merece.

Doy gracias a Dios por mi historia, hasta por este sufrimiento porque todo esto nos ha llevado a donde ahora estamos.

Si eres padre o madre solo un consejo, rodéate de los profesionales que puedan ayudarte a ti y a tu hijo a crecer, estén donde estén y te cueste el esfuerzo que te cueste, dale lo que necesita sin pensar en que es lo que te gustaría que fuera esa realidad porque a veces hay que aceptar que ciertos profesionales presumiblemente no avanzaran más.

Y si eres un profesional de la educación no te rindas nunca, nunca. Aprovecha a cada familia, a cada alumno, cada pequeño recurso, capacidad y voluntad que te ofrezcan será inmenso para su futuro. Y este también está en tu mano, no lo olvides.

Gracias a los maestros y maestras que este año trabajan con nuestros hijos por darnos lo impagable, la tranquilidad de llevar a tus hijos al cole y recogerlos a la salida con una sonrisa, felices,  que aunque para alguno parezca mentira no es propiedad de todas las familias y muchos desgraciadamente sabéis de qué hablo.



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